[Relato] Vibración

El zumbido recorría la nave. Un ruido infrasónico que, de forma permanente, hacía vibrar el mamparo que separaba su mitad del cubículo de la mitad de su compañera de la tripulación.
Jorge estaba hasta las narices, el maldito ruido no le dejaba dormir. Por mucho que dijeran otros ingenieros de que era imposible que el motor atómico de 45 toneladas que impulsaba la nave a un cuarto de la velocidad de la luz generara una vibración suficientemente molesta, lo cierto es que a él le molestaba.

Aunque claro… tampoco estaba seguro de que fuera eso.

Lo cierto es que hacía 18 semanas subjetivas desde que habían salido de la tierra y acababan de alcanzar la velocidad de crucero apenas hacía dos días.

Su compañera, Iliana, respiraba de forma pausada y regular. Estaba dormida. Es curioso, a él no le resultaba tan atactiva como se suponía que le tenía que resultar… después de 18 semanas de estar en el espacio. No es que fuera fea ¡Todo lo contrario! Era una de las mujeres más bonitas e inteligentes que había tenido al alcance de la mano en toda su vida de ingeniero brillante. Sin embargo, suponía que una pequeña parte de su líbido se enfrentaba a la idea de que se les pudieran decir “Estis solos en el espacio. Su evaluación psicológica demuestra que tú le vas a gustar. La tuya demuestra que te va a gustar ¿Por qué no aprovechais vuestro tiempo libre en algo (re)productivo?”.

Lo cierto es que la pequeña parte de su líbido que se resistía era su cerebro que, por otro lado, tenía la acción de oro a la hora de tomar la iniciativa. Y estaba cansado. Había algo que le molestaba.

Cuando intentaba dormir, su mente se centraba en el zumbido y pasaba 3 o 4 horas hasta que se dormía. Después se despertaba intermitentemente durante toda la noche hasta que finalmente Iliana le despertaba suavemente por la mañana.

Ambos se encargaban a continuación de realizar todas las comprobaciones y tareas de mantenimiento de la nave que les supondrían unas 4 o 5 horas del día. Después, dedicaban otras dos o tres horas al jardín hidropónico de la nave que diluía el olor corporal de ambos seres humanos, reciclaba residuos y, por último completaba el ineficiente sistema de reciclaje del aire. Tras estas tareas rutinarias comían algo y dedicaban la tarde al ocio: Jorge se entretenía con el ordenador, desarrollando un programa que, esperaba le haría rico e Iliana… la verdad es que no sabía que hacía Iliana.

Pero había algo que le preocupaba. Esa noche era más intenso. Una especie de presentimiento… Un zumbido infrasónico, por debajo del umbral de audición.

Por fin, Jorge decidió levantarse y se dirigió al gimnasio. Esperaba hacer suficiente ejercicio para cansarse y poder dormir. Sin embargo algo le hizo detenerse en el pasillo. Desplegó sus sentidos. Se centró en su oido. Agua bien. Reciclaje de residuos bien. Apoyó una mano contra la pared e hizo un repaso del resto de sistemas. Aire bien. Motor… mal. Había algo raro en ese zumbido. Lo notaba más claro en el pasillo que en el cubículo, pero ahora estaba seguro de que vibraba distinto y de que era eso lo que le impedía dormir.

Se dirigió rápidamente hacia la sección del motor. Y volvió a centrar su mente en sus sentidos. Inició un rastreo sónico de lado a lado de la habitación. Parecía vibrar de todas partes, tenía toda la pinta de una obturación del sistema de refrigeración. Encendió la luz de emergencia e Iliana se dirigió hacía la sala de motores a toda velocidad un poco asustada.

Jorge le explicó rapidamente que había notado un cambio en la vibración del motor, pero que no sabía decir que era. Iliana le dirigió una sonrisa avergonzada y le pidió que saliera un segundo, que iba a usar su intuición femenina ya que él había usado su sexto sentido de ingeniero.
Jorge, extrañado, le hizo caso, no tenía nada que perder ya que en la nave no había herramientas adecuadas para, como él temía que haría falta desmontar todo el motor para localizar el problema. Oyó ruido de martillo al otro lado de la mampara de seguridad y se asustó. Entró precipitadamente en la habitación y descubrió qué estaba haciendo Iliana.

Había desmontado una de las tuberías redundantes del motor y estaba sacando un objeto metálico de su interior. Jorge, temiendo lo peor, se abalanzó sobre ella y se lo quitó de las manos. El objeto tenía forma cilíndrica y terminaba en una punta redondeada. Tenía un botón en la base.

– ¡No! – Gritó Iliana
– ¿Qué es esto? ¿Por qué lo escondías allí? – Exigió saber Jorge.
Iliana calló de repente y se empezó a poner roja.
– ¿Qué es? – Insistió
Pasados unos segundos y en voz muy baja, como si temiera que alguien más pudiera oirle respondió -…un consolador… –

Jorge parpadeó un par de veces y comprendió en qué gastaba su tiempo libre una belleza como ella encerrada en una nave espacial con un ingeniero terriblemente distraido.

Jorge la abrazó y susurró – Deberías haberme dicho algo, alguna señal. ¿Tienes idea del peligro que hemos pasado cuando guardabas esto ahí? -.

Ella le miró, a punto de llorar. Él le dedicó una mirada ardiente.
– ¿Quieres que…? – Jorge no pudo terminar la frase.

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