Estambul

Hace tiempo que tenía que haber escrito esta entrada, pero los viajes, las fiestas y la pereza se han confabulado en mi contra. Ahora que estoy en la universidad sin Internet que me despiste actualizo esta Odisea para que conste y permanezca.

Hará ya tres semanas de aquello pero las sensaciones de visitar Turquía permanecen frescas en mi memoria.

Primero, las intensas 24 horas de trayecto, de las cuales, casi 18 las pasamos en el tren. La decepción de hacer nuestro mejor esfuerzo tratando de llegar a Estambul sin coger el coche-cama para, finalmente, tener que pasar por caja, con cara de gilipollas, al quedar atrapados en Πιθιω (Picio) durante tres horas de terror y frío.

Cansados en el tren

Cansados en el tren

La llegada a Estambul, con la impresión de regresar a la civilización: taxis, edificios altos, funcionarios eficientes, calles limpias, precios bajos…

La sensación de magnitud que te invade al ver Agia Sophia por primera vez, con sus imponente refuerzos sobresaliendo de la estructura principal, la enormidad de las cúpulas, los mosaicos y el sol entrando por las ventanas del enorme espacio. La mezquita azul, con su estilizada estructura y sus 6 minaretes apuntando hacia el claro cielo de invierno. Más tarde, el sabor de cordero viejo, fuerte y especiado, como les gusta a los turcos en el bareto más cutre (o típico, que dirían algunos) que encontramos de vuelta al hotel.

Santa Sofia

Santa Sofia

Más tarde la vuelta al hotel, destrozados por el viaje y la novedad, saboreando una cervecita turca con un agradable regusto a algún fruto seco, conversaciones sobre la historia de España y nuestra oposición al Imperio Turco Otomano, olvidada ya tras siglos de guerras, acuerdos, paz, comercio y turismo. Y por fin la cama a unos muy razonables 8€ (Cordial Hostel).

Mezquita Azul

Mezquita Azul

El primer paseo por el bazar, a la mañana siguiente, maravillados cuál europeos del medievo, por la variedad de productos, tiendas, callejones, cafés, recovecos, ruidos, gritos, risas, olores y conversaciones en turco, español (más del 50% del turismo de Constantinopla es de nuestra nacionalidad) e inglés.

Bazar de Especias

Bazar de Especias

El paseo hasta el Mercado Egipcio (o de Especias), por la calle más comercial de Estambul, con su asombrosa mezcla de olores: azafrán, té, orégano… Después salir a una plaza con música electoral (para la alcaldía) a todo volumen, cruzarla y llegar al puente que cruza el Cuerno de Oro, que te inviten a un té de manzana en un restaurante caro con vistas al Bósforo para hacer bulto en espera de los clientes con pasta.

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