Creta

Hace ya mucho de la última entrada del blog. Me suele pasar. Escribo algunos meses a buen ritmo y luego me vuelve a dar pereza escribir. Ahora que tengo de nuevo algo que hacer (dos trabajos en inglés de 40 páginas cada uno, una presentación y que hablar con dos profesores para que me manden sendos trabajos más) me entran ganas de escribir. Basta no tener tiempo para que me apetezca 🙂

Bueno, escribo esto en el barco que conecta Creta con Atenas (en concreto el puerto de la actual capital de Creta, Iraklio, con el Pireo) en un trayecto de 6 horas. El barco es el mismo que nos trajo desde Atenas hace ya 4 días: Superfast XII. Ahora mismo me encuentro en la cubierta pública del barco y la hora estimada de llegada son las 6:15. No tengo la menor intención de dormir, alguien tiene que vigilar todo el equipaje y tanto Laura como Jorge están durmiendo como angelitos.

Las azules aguas de Creta

Las azules aguas de Creta



Como me olvidé comentarlo antes, hace una semana o así, me compré una cámara réflex digital que he decidido que sea mi regalo de cumpleaños (gracias papis) que encontré de oferta en el Media Market de al lado de casa. Le faltaba buena parte del equipamiento auxiliar (memoria, lente, funda) pero todos los que saben algo de este tema coincidían en que era una oferta estupenda, así que ahora soy el orgulloso propietario de una Canon EOS 400D y un objetivo Canon Macro 18-55 f/3.5-5.6 (lo que quiera que eso signifique xD).

Así que armado con mi nueva máquina de hacer recuerdos, me enrolé en el viaje de mi compañero de piso y su novia hacia las azules aguas de Creta. El barco para venir salía a las 15:15 desde el Pireo y llegaba a las 22:30. Nuestro hotel lo teníamos reservado a 6km de Iraklio, así que cogimos un taxi (15€… dolor!). Cenamos en el hotel viendo el Chelsea-Barça con el gol de Messi en el minuto 93. No puedo decir que me divirtiera mucho… y a mi compañero de piso mucho menos, pero por motivos bien diferentes (cómo me aburre el furgol).

Yo en el yacimiento de Cnossos

Yo en el yacimiento de Cnossos

A la mañana siguiente nos levantamos a las 9:00 (horror que se convertiría en la tónica habitual) y cogimos el autobús público para alquilar el coche lo más cerca posible del puerto con objeto de devolverlo lo más cerca posible a la hora de salida del barco. De ahí fuimos a ver la principal atracción turística de la isla: el impresionante yacimiento de Cnossos. Este lugar fue el centro de la antigua Civilización Minoica que se hundió (literalmente) entre Maremotos y Terremotos hace varios miles de años (como 6000 o así). Se cree que su toro-centrismo dio origen al mito del Laberinto del Minotauro, pues por los frescos se aprecia que era una cultura muy centrada en los toros. De hecho la escultura más llamativa son los Cuernos de la Consagración que tenían a Jorge completamente fascinado (sobretodo por el nombre). Arthur Evans, el arqueólogo que descubrió estas ruinas llevó a cabo un interesante (y discutido) trabajo de reconstrucción. En mi opinión esto hace las ruinas mucho más interesantes de visitar que las típicas ruinas griegas que no levantan un metro del suelo.

Nos sobraba tiempo por la tarde así que nos fuimos a ver un poquillo de la parte Este de la isla. Visitamos Agios Nikolaos con su lago de 64m de profundidad pegadito al puerto (y que conectaron con un canal en 1800 y poco para aparcar los barcos de pesca). Entonces sucedió el primer percance: me caí. Pero una h*stia bien gorda. Ocurrió tal que así. Andaba por la calle, había un escalón hacia abajo como de 40cm y luego un espacio a nivel de suelo y luego un escalón hacia arriba de otros 20cm. Ví los dos escalones y me imaginé que estaban conectados, así que intenté pisar en el agujero. En palabras de Jorge: “Vi cómo te caías y luego… te seguías cayendo”. Así que la primera impresión fue que me quedó la rodilla de un niño de 8 años… sólo que con 23 después va y se me inflama xD ¡A lot of fun!

Puesta de sol en Hannia

Puesta de sol en Hannia

Luego comimos en un buen restaurante y nos tomamos un helado en un bar. Intentamos ver otro yacimiento minoico pero estaba completamente cerrado. De vuelta paramos en una playa… pero no recuerdo el nombre (no estaba mal).

Pero las mejores sorpresas de Creta están en sus costas. Sin duda, las mejores playas de Europa están aquí y ¡casi sin explotar!. Para llegar a la playa de Granvousa (o de Balos) debes recorrer como 6km por una pista de tierra y rocas afiladas. Al final del cuál aún te quedan otros 5 minutos de bajada por un camino de cabras (a pie) y por último 10-15 minutos de escaleras. Claro que la ida apenas cuesta un cuarto de lo que cuesta volver a subir las escaleras 🙂 Eso sí, te encuentras con esto:

Playa de Granvousa en la Península de Balos

Playa de Granvousa en la Península de Balos

La playa de Elafonisis es también una paradisiaca playa caribeña la mayor parte del verano. En el tiempo que estuvimos nosotros (digamos… el 9 de Mayo, primavera) hacia un viento ajqueroso que te tiraba toda la finísima arena de la playa sobre la toalla, el pelo y la oreja. Nos gustó menos, pero creo que las fotos más espectaculares las hice allí.

Playa de Elafonisis

Playa de Elafonisis

Después visitamos el cementerio de Maleme, recuerdo de la conquista alemana durante la segunda guerra mundial. Una unidad de tropas de montaña paracaidistas sentó la base sobre la colina 107 desde la que poco después los alemanes conquistaron la isla dejando una relación de bajas 1:3. La flota alemana fue bloqueada por la inglesa evitando el desembarco de tropas por mar, así que los paracaidistas tuvieron que tomar la isla sin más apoyo que la artillería marítima y algo de aviación lanzada desde la Grecia continental. Con Jorge (y Laura) discutimos sobre si los alemanes hubieran podido mantener el control sobre Francia e Inglaterra en caso de que Rusia y EE.UU. no hubieran entrado en la guerra. Yo creo que sí, pero no recuerdo los datos que me hacen pensar así, así que la discusión queda en empate.

Cementerio alemán de Maleme

Cementerio alemán de Maleme

Por último nos fuimos a ver Hannia, de día (Canea, en español, por lo visto) que fué la capital veneciana de la isla. El puerto es francamente bonito, así como la ciudad antigua.

Para el último día nos dejamos Stavros, al norte de Hannia. Una buena playa, mucho mejor comunicada y abastecida que la de Balos y Elafonisis. Similar calidad de arena, pero menos paisaje. Desde luego muchísimo más cómoda. Después fuimos a Rethymion otra ciudad con un casco antiguo veneciano. La fortaleza en este caso enorme, al estilo del Castillo de Palamidi, pero sensiblemente más moderna (casi diría colonial, del que se ven en las películas de piratas).

Para rematar el día (y hacer tiempo hasta devolver el coche y subir al barco) hemos jugado unas partidas de billar, unos bolos y hemos ido al McDonalds. ¡Ah, si! Y no he visto ni rastro de las famosas pitas cretenses, aunque me lleve buena impresión de su cocina.

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