Kalimnos

Ya he sido polizón en un barco. Vale, que no es lo mismo que hace 50 o 100 años, cuando había que viajar en la bodega (estoy tecleando en mi macbook mientras me tomo un capuccino grande, y acabo de zamparme alegremente un english breakfast en el restaurant) pero mola igual.

En este momento vuelvo con Hanna de un inolvidable viaje por las islas del dodecaneso. No hemos visitado todas las islas del grupo, que como su nombre indica son 12, porque incluso con el paso de estudiante seria prohibitivamente caro. En su lugar nos hemos conformado con visitar a nuestro amigo Vanlles que se encuentra tomando una especie de retiro espiritual en Kalimnos y luego hemos ido a Rodas, por aquello de que está muy, muy lejos (a 16 horas de barco desde Atenas).

El plan original consistía en alcanzar a Hanna y a Cléa en Ios, recoger a Hanna y después de un par de días ir a Santorini y coger el barco a Rodas. Pero Ios resultó tener un devastador estilo “party island” con miles de americanos borrachos que, como siempre, desemboca en la casi completa desaparición del espiritu griego en la isla. Así que Hanna me llamó y me dijo que mejor no me molestara en ir hasta allí y que, si me parecía bien iríamos hasta Kalimnos y luego a Rodas.

Aclaremos que llevo toooodo el año aplazando Rodas para el verano y que era la única parte no intercambiable del viaje. Así pues el 8 a las 13:00 embarcamos con destino a Kalimnos (28,50€ desde Atenas con descuento de estudiante) y llegamos el 9 a las 6:00, sí de la mañana. Por suerte venía preparado y enganchamos la segunda temporada de “The Big Bang Theory” entera. Ah, sí, yo me lo hice entero sin dormir.

Al llegar, tras esperar un ratito a que llegara Vanlles, dejamos las cosas en el apartamento (horror de maleta que me lleva esta chica… 26 o 28 kilos en canal…) y acompañamos a Vanles a por un café, ya que tenía que ir a trabajar. Nosotros nos fuimos a casa y nos pegamos una buena siesta de 5 o 6 horas hasta la hora de comer.

Kalimnos no es una isla grande, tampoco tiene buenas playas, pero el turismo que llega a la isla es puramente marginal, fundamentalmente basado en el senderismo y la escalada (la isla celebra una reunión anual de escaladores en Octubre). Su principal característica diferenciadora es la pesca de esponjas marinas, pero una plaga que afecta a la variedad local, junto con la pesca intensiva han reducido alarmantemente las reservas y el comercio últimamente parece que no va muy bien. En sus mejores momentos la isla tenía 6 veces más población que en la actualidad, con 12.000 habitantes.

Tras un rápido recorrido por la isla se aprecia que las únicas industrias existentes son un pequeñísimo astillero y la fábrica de esponjas. Por lo demás la isla es un erial y tienen tendencia a llamar bosque a cualquier agrupación de árboles por muy separados y secos que estén. Sin embargo, la isla tiene un encanto particular por ser todavía auténticamente griega (y con precios, muy, muy razonables), además claro, de tener el mejor pulpo y calamares que he probado en mi vida.

Alquilamos un coche el segundo y último día para recorrer la isla y descubrimos que con 80 kilómetros de carreteras unas 9 horas son más que suficientes para verla entera, incluso con una rueda pinchada. Especial mención para la playa “portuaria” de Vathy donde los escarpados riscos del acceso al puerto le dan un toque muy característico. La playa de Emporio, al final de la isla, tampoco tenía mala pinta, con la ventaja de estar muy alejada de la zona turística, más centrada en el área este y en la capital (Pothia).

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